La otra crisis
Hay una crisis real, tangible, inequívoca y sobre ella una sobrecrisis mediática que contribuye-alimenta a la primera al tiempo que la fagocita. Es difícil saber cual de las dos crisis, si la real o la mediática, es que la percibimos y experimentamos como verdadera. Sufrir, lo que se dice sufrir, sufrimos las dos, aunque la primera en mayor medida (la otra puede aliviarse no consumiendo medios de alienación en masa, por ejemplo, apagando el televisor)
Sin embargo, estas y otras crisis son consecuencia de otra mayor, primigenia. Hace poco un canal de televisión pagó una suma exorbitante a un delicuente ex pareja de una cantante presunta delicuente por una entrevista. La oferta de esta cadena televisiva fue inmoral, su aceptación por el delicuente fue asimismo inmoral, pero lo más inmoral de todo, sin comparación posible, fue la audiencia que al parecer tuvo el show, el interés que despertó en muchas personas lo que pudiera decir o dejar de decir un miserable.
En mi país, y me temo que en otros muchos, envidiamos al ladrón en vez de reprobarle. En nuestro fuero interno nos gustaría tener su arrojo o su desfachatez. Da la impresión de que el que no roba es porque no se atreve. Perdonamos al ladrón, sobre todo al gran ladrón (banquero, político, advenedizo, empresario) porque, si pudiéramos, robaríamos lo mismo que él o más. Por eso despiertan tanto interés: debajo del morbo, tomamos nota por si nos puede servir de algo, por si se nos puede pegar algo a través de las ondas herzianas con las que bañamos diariamente nuestras neuronas.
Ésa es la peor crisis. La madre de todas las crisis. La crisis moral del ser humano. Que yo sepa, los pobres aún no han ido a pedir cuentas a la puerta de las mansiones de ésos que después de hundir el sistema económico y estafar a millones de personas en el mundo nadan en oro. Deben estar orgullosísimos de lo bien adiestrados que estamos.
Merecido lo tenemos, esto y más.
…y menos mal que ayer pararon lo de las 65 h. semanales, pero me da que esto será como el referendum de independencia de Quebec, que lo meteran una y otra vez hasta conseguir lo que quieren unos pocos. En fin, lo que tu dices, tenemos lo que nos merecemos. Debemos volver a las asociaciones de vecinos de los 60’s y 70’s, por que solo así parece que permanecemos “algo” unidos.