Archivo de la categoría Literatura

18 de Mayo, 2009

Gracias, viejo

Mario Benedetti

Querido amigo (aunque nunca nos hayamos visto, yo le siento como tal):

Como siempre, o casi siempre, llego tarde a mis citas y mis cartas se pierden por algún resquicio de algún viejo buzón. No quisiera que con esta pasara lo mismo, pues me agradaría agradecerle que hace ya unos cuantos años me enseñara con sus poemas a diferenciar valor y precio, a creer que pese a todo merece la pena vivir cien años por un minuto de amor, a defender la alegría, que es lo único que nunca nos debe ser arrebatado. Ya sé que llego tarde, como siempre o casi siempre, pero por si acaso quisiera darle las gracias. Si alguna vez fui poeta, fue por culpa suya.

Táctica y estrategia (Poemas de otros, 1974)
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

12 de Septiembre, 2008

Nocturno (Antianiversario)

Recuerdo como si fuera ayer cuando vagabas por los pasillos de la facultad con tus manuscritos y tus libros, con tus versos a cuestas para quien quisiera leerlos. Como buen poeta maldito andabas flacucho, ojeroso. Con cara de serena indignación me dijiste una vez mientras nos echábamos un cigarro en un banco del campus:

- A Alcántara no le han gustado mis poemas. Subí ayer a su despacho a enseñárselos.

Que le den por culo a Martínez Alcántara y a su puta cátedra de Estética. ¿Qué narices sabrá Alcántara del alma de un poeta? Quizá abrumado por tus versos perfectísimos quiso desalentarte, sabes que a veces los viejos se muestran celosos del talento de los jóvenes. Que se lo digan si no a Guiomar, a quien dedicaste todas y cada una de tus letras.

En fin, que pasa el tiempo y que hoy, sin venir a cuento, sin ser ni siquiera el aniversario de aquel día que decidiste reunirte al fin con Rimbaud y Baudelaire, me he acordado mucho de ti. Se te echa de menos, amigo.

23 de Enero, 2008

Kafka, la niña y la muñeca

Hoy ha llegado a mí una preciosa historia.

Cuenta Dora Diamant que en uno de los paseos que solía dar junto Kafka en un parque de Berlín se encontraron a una niña que lloraba desconsoladamente por haber perdido su muñeca. Enternecido, el escritor le pidió que no llorara, inventándose sobre la marcha que la muñeca no se había extraviado, sino que había partido de viaje.

-¿Cómo lo sabes? -preguntó la niña.

-Porque me ha escrito una carta. Mañana te la traeré- sentenció Kafka.

Y así fue como uno de los más grandes genios de la literatura escribió una carta ficticia para una niña, una carta que al día siguiente leyó en voz alta a la pequeña, ya que ella no aún sabía leer. Tan en serio se tomó aquello que durante tres semanas la muñeca viajera escribió ¡una carta diaria! a la niña berlinesa, hasta que, una vez la niña se hizo a la idea de que su muñeca no regresaría, Kafka resolvió finalmente casarla y que iniciara una nueva y feliz vida formando una familia.

Me gusta pensar que esta historia es cierta, así como me la han contado. He leído que incluso algún biógrafo del literato checo busca aún a la niña de la muñeca convertida hoy en una nonagenaria que quizá pasee por el parque Steglitz.

Me gusta pensar que esta historia es cierta porque por un momento, esta mañana, me ha hecho volver a creer en el género humano.

12 de Enero, 2008

Para que yo me llame Ángel González

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…

De Áspero mundo (1956)

Invitaba esta mañana en la radio Javier Rioyo a quien no haya leído a Ángel González que se acerque a su poesía, pues con su lectura será mejor persona y más feliz.

Yo me uno a esa recomendación. Te animo a que te acerques a cualquier libro suyo y que disfrutes de sus versos. Serás mejor persona. Serás a buen seguro más feliz.

Murió el poeta Ángel González

AG en El poder de las palabras

AG en la Biblioteca Digital Cervantes

21 de Diciembre, 2007

El trabajo del presidente

El presidente, en particular, es un títere: no ejerce poder real alguno. En apariencia, es nombrado por el gobierno, pero las dotes que se le exige demostrar no son las de mando, sino las de desafuero calculado con finura (…) El trabajo del presidente no es el ejercicio del poder, sino desviar la atención de él.

Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico.

27 de Marzo, 2006

Un vacío perfecto

Fotograma de Solaris(1972) dirigida por Tarkovsky
Leo hoy en barrapunto que ha fallecido el escritor polaco Stanislaw Lem.
No soy muy amigo de la literatura de ciencia-ficción, de hecho de la prolífica obra de Lem sólo conozco su novela más afamada, Solaris, cuya primera versión cinematográfica fue realizada en 1972 por el magistral director ruso Andrei Tarkovsky.
Solaris es densa y misteriosa como la oceánica niebla que rodea a sus protagonistas. Solaris habla de muchas cosas, de tantas como puedan caber en el subsconsciente humano, pero principalmente de la relación del minúsculo ser humano con todo aquello que pudiera encontrarse allá afuera, en las inmensidades del universo.
Aquel que cuando dirige su mirada a las estrella siente una mezcla de admiración y miedo, aquel que no domina su inquietud por lo inexplicable, por lo inasible, disfrutará sin duda de la lectura de Lem.

13 de Diciembre, 2005

El lector voyeur y los monstruos

Soy un lector voyeur, lo confieso. Casi siempre suelo llevar alguna lectura encima, pero ya sea por vaguería o por que en hora punta es algo difícil sostener un libro en el transporte público, me dedico a leer fragmentos de lo que leen los demás. Últimamente mis miradas furtivas a libros ajenos me han deparado pasajes como este:
-No podemos atravesar la aldea de Nirn, está atestada de gromflins.
-¡Gromfilms!¡Por la espada sagrada de Trodheil!¡Esos seres horribles y apestosos nos devorarán si nos encuentran!

O este otro:
-¡Dioses de los cielos!¿Qué era aquella criatura?
-Era un anfgorn- respondió el guerrero- un ser malvado y cruel creado por los brujos negros en la Edad Antigua.

Sin duda que están de moda las novelas de espada y brujería, como las denominábamos en mis tiempos mozos, y que conste que a mi me parece muy bien y que no tengo nada en contra. Pero cuento esto porque me ha surgido una reflexión al hilo de las innumerables criaturas maléficas que pueblan estas tolkienianas obras: ¿No nos conformamos con los monstruos reales que nos circundan que hemos de imaginar muchos otros?
Ya sé, ya sé: soy un racionalista asqueroso, qué le vamos a hacer. Quizá un día, por descreído, me ataque una horda de gromflins y muera hecho pedacitos en sus fauces.

16 de Septiembre, 2005

730, 170

La cuestión mas importante para alcanzar el éxito es la honestidad: Hay que evitarla a toda costa.
Groucho Marx.
copyleft Mae
Un día como hoy, hace dos años, empecé a escribir este blog y aún no os he hablado del subsuelo.

Mi cubil es pequeño, cálido, confortable. Las maltrechas paredes, allí donde no haya espejos en los que no me miro, apenas sostienen combadas estanterías donde reposan libros de todo pelaje, libros en diversas lenguas: algunas que hablé, otras que hablo y algunas otras que quizá no llegue a entender nunca.

Mi cubil es, para entendernos, una semi-anárquica biblioteca con un jergón, una cafetera, un mate dulce y dos plantas. Las joyas de la corona: Una edición de Die Geburt der Tragödie de Friedich Nietzsche, impresa en Leipzig en 1900, año en el que murió el autor, y una edición de 1901 de Gracias y desgracias del ojo del culo, de don Francisco de Quevedo.

Desde mi ventanuco mi compañera y yo miramos los atardeceres violeta que nos depara Septiembre. Fuera del hogar a veces hay ruido e incomprensión, pero qué más da cuando se tiene nada y todo a la vez. Pobres los que sólo tienen nada, pobres los que sólo tienen todo. Bienaventurados en cambio los fracasados (que no los frustrados) porque ellos disfrutan de la lejanía del éxito.

27 de Mayo, 2005

Nueva huida de Babilonia

Últimas noticias del subsuelo: Me he hecho al fin el carné de la biblioteca de mi barrio. Estoy muy contento. Voy de vez en cuando, cojo algún libro y cuando lo leo lo devuelvo, y no ocupa espacio en mis combadas estanterías (los mercadillos y los saldos son peligrosísimos para mi bolsillo)
Ando ahora haciendo el equipaje para irme de viaje y me he dado cuenta de que cuando uno prepara el petate al tiempo deshace el equipaje mental: fuera las corbatas imaginarias que a veces nos afixian, fuera el reloj que de reojo nos reprocha mañana y noche, fuera los humos grises y las gentes grises.
Por lo demás, mi psicoanalista, que no receta fármacos sino libros, me hace dos recomendaciones que hago extensivas a todos vosotros: La conquista de la felicidad, de Bertrand Russell, y El arte de amargarse la vida, de Paul Watzlawick. La primera obra la he leído y es un magnífico ensayo, rebosante de sentido común y escrito en un lenguaje sencillo, ameno y granado de ejemplos de la vida cotidiana. La segunda espera en algún lugar a que la encuentre.
Mientras tanto, yo me pierdo unos días en alguna isla del Atlántico. Que ustedes lo pasen bien.

20 de Marzo, 2005

Dios ya no huele a heno en los campos de azufre


Versos e imagen de Carlos Edmundo de Ory.